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Cuarzo Maestro Fantasma con Clorita 165gr

$255.000

Pieza única de 165 gramos y 4 × 4,5 × 7 centímetros, del valle del Jequitinhonha, en Minas Gerais, con un fantasma de clorita verde dibujado dentro del cuerpo. Pulida a mano, sin tratamiento de color.

Cada cristal es una pieza única de la naturaleza, por lo que entre una y otra, pueden presentarse variaciones en forma, color, brillo, vetas, inclusiones y marcas naturales propias de su proceso de formación.

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Descripción

Cuarzo maestro fantasma con clorita de 165 gramos

La pieza pesa 165 gramos y mide 4 × 4,5 × 7 centímetros. Es una talla libre pulida a espejo, de sección aproximadamente hexagonal: un extremo remata en punta limpia y el otro en caras anchas y romas. El cuerpo es muy transparente, con un tinte verde pálido general.

El fantasma está completo y se lee de un vistazo. Dentro del cuerpo aparece el contorno que la piedra tuvo antes: la misma forma, más pequeña, marcada por un polvo granulado verde grisáceo que es la clorita. No es otro cristal metido adentro; es una superficie, y se percibe como una sombra con la forma del cuarzo que la encierra.

La clorita, entonces, no está repartida por el cuerpo como en un cuarzo cloritado corriente. Está depositada sobre un plano, dibujando el perfil de lo que la pieza fue antes de seguir creciendo.

En el costado hay un racimo de planos internos que suelta destellos de arcoíris cuando la luz entra de lado. No es un golpe ni una fractura de la piedra: son microrroturas que se producen dentro del cristal durante el pulido, cuando la fricción con las lijas sube la temperatura del cuarzo. Quedan encerradas, y por fuera no se siente nada — la superficie está entera y continua.

El pulido es lo que hace legible el ejemplar. En un cuarzo con inclusiones, las caras naturales difunden la luz y el interior se adivina; aquí las caras planas actúan como ventanas y el perfil del fantasma se sigue con el ojo, sin buscarlo.

De dónde viene

Viene del valle del Jequitinhonha, en Minas Gerais, y se lapidó allí mismo, en los talleres de la región. Brasil no solo extrae cuarzo: lo talla, y lleva décadas haciéndolo.

Es una zona donde el cuarzo sale acompañado. En estas vetas hidrotermales el fluido arrastra otros minerales, y la clorita —un silicato verde, blando, en láminas— es uno de los que con más frecuencia se posa sobre los cristales mientras crecen.

Un fantasma es lo que queda cuando ese depósito ocurre en el momento justo. El Instituto Gemológico de América lo describe así: un mineral se deposita sobre las caras del cuarzo durante su crecimiento, y cuando el cuarzo lo reanuda, envuelve ese material en planos de inclusión que reproducen la forma del cristal original. El cristal se detuvo, la clorita se posó sobre sus caras, el cuarzo volvió a crecer y la selló dentro. De ahí que un fantasma no sea un cristal alojado en otro, sino el mismo cristal enseñando su forma de entonces.

Por eso el verde de esta pieza no es un color: es una fecha.

Lo que representa

Nina Llinares no lo llama fantasma. Cuenta que la primera vez que tuvo uno en las manos sintió que tenía alma en su interior, y por eso lo bautizó cuarzo maestro con Alma; el nombre de cristal fantasma se lo debemos a Katrina Raphaell. Lo describe como un cristal muy mágico y personal, y lo señala entre los cuarzos maestros de más valor, porque su maestría consiste en ayudar a que se exteriorice lo mejor de uno mismo. Propone situarlo sobre el chakra del corazón, en relajación, diez o quince minutos al día.

Raphaell aporta lo que el fantasma registra: son como los anillos dentro de un árbol, marcan el patrón de crecimiento que el cristal atravesó, y guardan un periodo en que el cristal llegó a una conclusión, dejó de crecer, y después continuó más allá de lo esperado.

Que es, palabra por palabra, el mismo suceso que describe la gemología. Una parada, un depósito, y una continuación.

Y sobre el pulido, Raphaell es explícita en otro lugar de su obra: las piezas de cuarzo cortadas, pulidas o facetadas se emplean igual que los cristales con terminación natural. Aquí, además, el pulido es lo que permite ver aquello de lo que ella habla.

Creemos que por eso a un fantasma no se le pide lo mismo que a un cuarzo transparente. Al transparente se le pide claridad; a este, memoria. Y es acompañamiento, nunca sustituto de un tratamiento.

Cómo se cuida

El cuarzo mide 7 en la escala de Mohs y es insoluble salvo en ácido fluorhídrico, así que esta pieza se lava con agua y jabón neutro y se seca con un paño suave. No está teñida, irradiada ni recubierta, y la clorita está sellada dentro del cristal: el agua no la toca.

Un cuidado es propio de este ejemplar. Como los destellos de arcoíris vienen de microrroturas que produjo el calor del pulido, lo sensato es no someterla a cambios bruscos de temperatura: nada de agua caliente, ni de dejarla al sol recién sacada del frío. Y las caras pulidas se marcan de otro modo que las naturales: el brillo del taller se apaga con arena, polvo y roce, y por eso la pieza no comparte cajón con otras piedras.

Lo demás es lo de siempre en el cuarzo: tenacidad frágil y fractura concoidea. La mineralogía completa está en el diccionario.

Preguntas frecuentes

¿Recibo exactamente el ejemplar de la fotografía?

Sí, porque hay uno solo. El perfil del fantasma, el reparto del verde y el racimo de planos que suelta arcoíris pertenecen a esta pieza y no se repiten en ninguna otra.

¿Que esté pulida le quita valor?

Depende de qué se esté comprando. La forma es obra de taller y así se declara: las caras planas las hizo un lapidario. El fantasma no. Estaba dentro antes de que nadie tocara la piedra, y no se puede pulir ni añadir. En un cuarzo con inclusiones el pulido es lo que abre la ventana: sobre una cara natural este perfil se adivinaría en vez de leerse.

Del taller viene también otra cosa, y conviene decirla: los destellos de arcoíris del costado. Son microrroturas internas que produce el calor de la fricción al pulir, no una característica del yacimiento. Nos gustan, y por eso mismo lo decimos.

¿Es lo mismo un cuarzo con clorita que un fantasma de clorita?

No, y es la diferencia que hace única a esta pieza. En un cuarzo cloritado corriente la clorita está repartida por el cuerpo, en manchas o en velos, sin forma. En un fantasma está ordenada sobre un plano y dibuja el contorno que el cristal tuvo antes. La misma clorita, pero puesta en el momento exacto y sobre la superficie exacta.

Y conviene aclarar otra confusión: el fantasma tampoco es un cristal formado dentro de otro. Es una sombra con la forma de la propia piedra, sin volumen propio.

Información adicional

Peso 0,165 kg
Dimensiones 4 × 4,5 × 7 cm
Dureza Mohs

7

Tolera agua

Origen

Brasil, valle del Jequitinhonha

Tratamiento

Pulido, sin tratamiento de color

Valoraciones

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Cuarzo maestro fantasma con clorita verde de 165 gramos, pulido a mano, con el fantasma visible
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