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Anillos Obsidiana Dorada en Alpaca

$80.000

Anillo ajustable en alpaca con cabujón de obsidiana dorada de Querétaro —círculo, óvalo, corazón o forma libre—, con una banda dorada que se enciende al girar la mano. Tallado y pulido a mano.

Cada cristal es una pieza única de la naturaleza, por lo que entre una y otra, pueden presentarse variaciones en forma, color, brillo, vetas, inclusiones y marcas naturales propias de su proceso de formación.

Descripción

Anillos de obsidiana dorada en alpaca

Estos anillos están hechos con una variedad de obsidiana que en la región de donde se extrae llaman obsidiana dorada suprema, por la intensidad de su reflejo dorado.

El cabujón va montado en alpaca, el metal con el que allí se monta habitualmente esta joyería.

De dónde viene

La piedra sale del estado de Querétaro, en el centro de México, donde la Mesa Central se encuentra con la Faja Volcánica Transmexicana. Allí el vulcanismo produjo lavas muy ricas en sílice, tan viscosas que al enfriarse deprisa no dieron tiempo a que se formara un solo cristal: el magma se congeló como vidrio. Eso es la obsidiana, una roca volcánica sin estructura interna ordenada, que se rompe en superficies curvas y brillantes.

El dorado viene de ese mismo momento. La lava llevaba gas en burbujas diminutas que, al enfriarse, quedaron aplastadas y alineadas en capas siguiendo la dirección del flujo; la luz rebota en ese plano de burbujas y vuelve concentrada. Así que el reflejo es la huella del movimiento de la lava, no un tratamiento.

Viene de la mina de nuestro proveedor, una explotación que la misma familia trabaja desde hace generaciones. Él y sus hijos cortan y pulen el material en su propio taller de lapidación, a pocos kilómetros del frente de trabajo. Hemos estado allí. Entre la roca recién extraída y el anillo terminado no hay ningún intermediario, y esa cadena corta es la razón por la que se puede decir de qué veta salió cada pieza.

Lo que representa

Nina Llinares recoge la obsidiana dorada como una variedad mexicana que los mexicas tallaban para objetos rituales y para representar a sus dioses. En su registro es de los minerales negros más valorados, porque la fuerza protectora de la obsidiana se combina con lo que ella llama la vibración dorada, y la describe como un escudo cuando se lleva sobre la piel, que es exactamente lo que hace un anillo.

De la obsidiana en general, Llinares dice que sitúa en la realidad cuando lo que se persigue es imposible: que aporta sentido de la proporción y trabaja la purificación del ego.

Nuestra posición es más específica. En el camino de la obsidiana tal como lo contamos en Cristal Celeste, la copo de nieve abre el viaje y la negra obliga a mirar la propia sombra; la dorada llega después y marca el paso del «no sé que no sé» al «sé que no sé». Es la etapa del autoconocimiento: el momento incómodo y fértil en que alguien reconoce cuánto ignora y empieza a buscar. Creemos que es la piedra de quien ya está en esa búsqueda.

Nada de esto sustituye un tratamiento médico ni psicológico: lo acompaña. No hay contraindicaciones documentadas.

Cómo se cuida

La obsidiana está entre 5 y 6 en la escala de Mohs, por debajo del cuarzo y del acero. Un llavero en el bolso, la arena de la playa o el polvo de una encimera bastan para dejarle rayas finas en el domo, que es justo la superficie de la que depende el reflejo. Guardarlo aparte, en tela y no revuelto con otras piedras, es la mitad del cuidado.

La otra mitad es la fragilidad. Como todo vidrio volcánico se rompe en lascas curvas: no se raja por un plano, salta por donde recibe el golpe. Un choque seco contra el borde de un lavamanos puede desprenderle una esquirla del canto. Conviene quitárselo para cocinar, para entrenar y para dormir.

La piedra es vidrio y no es porosa, así que el agua no le entra ni la mancha: un enjuague breve y un secado inmediato no le hacen nada. Nina Llinares aconseja para la obsidiana dorada sumergirla unos minutos en agua con sal cada cierto tiempo y pasarle luego unas gotas de aceite de oliva por toda la superficie. Ese consejo es para la piedra suelta; con el anillo montado conviene limpiar solo el cabujón, con un paño humedecido en esa agua, sin meter la montura.

La alpaca pide algo distinto. Es una aleación de cobre, níquel y cinc: con el aire y la humedad se oscurece, y recupera el brillo frotándola con un paño seco. No conviene dejarla en remojo ni en contacto prolongado con la sal. Y como el aro es ajustable, se abre y se cierra sobre el dedo: hacerlo muchas veces fatiga el metal, así que lo sensato es ajustarlo una vez y dejarlo quieto.

Preguntas frecuentes

¿Qué talla tengo que pedir?

Ninguna. El aro es abierto y ajustable: se ensancha o se cierra con los dedos hasta que asienta. Por eso el anillo se elige por la forma del cabujón —círculo, óvalo, corazón o forma libre— y no por un número de talla.

¿El dorado se borra con el uso?

No, porque no es un baño ni un tinte que pueda desgastarse: el dorado sale de las capas de burbujas que están dentro de la piedra. Lo que sí lo apaga es una superficie rayada o velada por el roce, y de ahí viene la insistencia en guardarlo aparte.

¿Los cuatro anillos son iguales entre sí?

Comparten el material, el oficio y la montura, pero no el reflejo. Cada cabujón devuelve la luz por donde su propia masa se lo permite, así que dos corazones cortados del mismo bloque enseñan el dorado en sitios distintos.

Información adicional

Peso N/D
Dimensiones N/D
Elige uno

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Dureza Mohs

5 a 6

Tolera agua

Origen

Querétaro, México

Tratamiento

Pulido

1 valoración en Anillos Obsidiana Dorada en Alpaca

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    Adriana

    El anillo es muy bonito, tal como se ve en la foto. Los acabados están muy bien hechos.

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Cuatro anillos en una mano: cabujones ovalado, de corazón, redondo y libre, negros y con un reflejo dorado que barre el domo
Anillos Obsidiana Dorada en Alpaca
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