Cuarzo con Inclusiones 146gr
$226.000
Pieza única de 146 gramos y 4 × 4 × 6,5 centímetros, del valle del Jequitinhonha, muy transparente, con clorita y una mancha de óxido de hierro dorado en una superficie interior. Pulida a mano, sin tratamiento de color.
Cada cristal es una pieza única de la naturaleza, por lo que entre una y otra, pueden presentarse variaciones en forma, color, brillo, vetas, inclusiones y marcas naturales propias de su proceso de formación.
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Descripción
Cuarzo con inclusiones de 146 gramos
La pieza pesa 146 gramos y mide 4 × 4 × 6,5 centímetros. Es una talla libre pulida a espejo, con un extremo rematado en punta facetada y el resto del contorno en caras planas de distinto tamaño. El cuerpo es muy transparente — de los que dejan ver la mano que los sostiene a través de la piedra, hasta el punto de que en las fotografías el cuarzo parece rosado y no lo es: lo que se ve es la piel del otro lado.
Todo lo que tiene ocurre en un mismo sitio. Atravesando el cuerpo hay una superficie interior —un plano que en su momento fue la cara exterior del cristal— y sobre ella se depositaron, en el mismo episodio, tres cosas distintas:
Una zona blanca granulada, de textura azucarada. Escamas verde oscuro casi negras de clorita, repartidas como una salpicadura. Y, en el centro, unas manchas de un dorado oliva translúcido, de aspecto ceroso, que es un óxido de hierro. En los bordes de esa zona dorada la luz suelta destellos iridiscentes.
Conviene decir qué no es ese dorado, porque es la pregunta que aparece siempre: no es pirita ni oro. Un sulfuro metálico se vería latonado y devolvería la luz como un espejo desde caras planas; esto es traslúcido y mate, con el brillo graso de una resina. Al cuarzo con óxidos de hierro amarillos el mercado lo llama golden healer; es un nombre comercial, no mineralógico.
El resto de la pieza está limpio. Por eso funciona: una sola zona de interés en un cuerpo de agua, en lugar de material repartido por todas partes.
De dónde viene
Del valle del Jequitinhonha, en Minas Gerais, y se lapidó en los talleres de la región.
Los tres materiales que tiene dentro cuentan una sola historia, y es la razón por la que están juntos. El cuarzo creció, y en algún momento se detuvo. Mientras estuvo parado, el fluido de la veta siguió circulando sobre sus caras y fue dejando lo que llevaba disuelto: sílice fina —la zona blanca—, clorita en escamas, y hierro, que al oxidarse dio ese amarillo. Cuando las condiciones volvieron, el cuarzo creció por encima y lo selló todo dentro.
Por eso los tres minerales están en el mismo plano y no repartidos por el cuerpo: no llegaron por separado, sino en la misma pausa. Lo que se mira es un instante de la vida del cristal, con todo lo que había ese día en el agua que lo rodeaba.
Y de ahí vienen también los destellos de arcoíris del borde. Donde el depósito no llegó a soldar del todo, quedó una separación finísima entre las dos superficies; la luz se refleja en las dos a la vez y en ese cruce se descompone en colores.
Lo que representa
Esta pieza no tiene un nombre de tradición propio. Es cuarzo, y lo que se le atribuye es lo que se le atribuye al cuarzo transparente, que es la piedra más trabajada de todas.
Nina Llinares lo llama cuarzo cristal de roca y lo considera el mineral por excelencia para el trabajo con cristales. Recuerda de dónde viene la palabra: del griego krystallos, transparente como el hielo, porque en Grecia, China e India se creyó que era hielo cristalizado a una temperatura imposible. Y sostiene que el cristal de cuarzo es materia en su forma más ordenada, con los átomos alineados hacia un mismo fin —el ápice—, de modo que cuanto más perfecto es el cristal, mayor considera ella su energía.
Katrina Raphaell señala otra cualidad: que el cuarzo puede vibrar en todas las frecuencias de color, del negro al amarillo y del verde al azul y el violeta. Para ella eso es justamente lo que enseña — cómo llevar la claridad de la luz blanca hacia frecuencias más densas sin perderla por el camino.
Y la geomedicina del doctor Carlos Alberto Ramírez aporta un vocabulario más físico: el cuarzo es piezoeléctrico, emite un pulso de electrones al comprimirse, y el colágeno que forma la estructura de sostén de nuestros tejidos también lo es. De ahí que proponga trabajar con cuarzo sobre esa estructura y sobre lo que llama la matriz extracelular, el tejido que conecta y comunica una célula con otra.
Tres vocabularios distintos —una tradición antigua, una autora contemporánea y un médico— que coinciden en la misma figura: al cuarzo transparente se le pide ordenar y transmitir, no teñir ni añadir.
Y esta pieza tiene una sola cosa que enseñar y un cuerpo limpio alrededor para enseñarla, que es una combinación poco común: casi siempre pasa lo contrario, mucho que mirar y poca ventana. Creemos que por eso es una piedra para volver a mirar y no para tener a la vista. Pide luz, ángulo y un momento, y devuelve algo distinto cada vez que se gira.
Acompañamiento, nunca sustituto de un tratamiento.
Cómo se cuida
El cuarzo mide 7 en la escala de Mohs y es insoluble salvo en ácido fluorhídrico: agua, jabón neutro y un paño suave. No está teñida, irradiada ni recubierta, y las inclusiones están selladas dentro del cristal.
Dos cuidados propios de este ejemplar. La transparencia se ensucia a la vista: en una pieza de agua como esta, una huella dactilar sobre la cara pulida se nota mucho más que en una piedra opaca, así que se manipula por las aristas y se pasa un paño de microfibra seco de vez en cuando.
Y nada de cambios bruscos de temperatura. Donde hay una separación interna que produce iridiscencia hay también un punto que puede crecer, y un choque térmico —agua caliente, el sol después del frío— es exactamente lo que lo abre.
Lo demás es lo de siempre en el cuarzo: tenacidad frágil y fractura concoidea. La mineralogía completa está en el diccionario.
Preguntas frecuentes
¿Recibo exactamente el ejemplar de la fotografía?
Sí, porque hay uno solo. La forma de la mancha dorada, el reparto de las escamas de clorita y el lugar donde aparecen los destellos pertenecen a esta pieza y no se repiten en ninguna otra.
¿La mancha dorada es oro o pirita?
No, es un óxido de hierro. Se distingue por el brillo: el oro y la pirita son opacos y metálicos, devuelven la luz como un espejo desde caras planas y no dejan pasar nada. Esta mancha es translúcida y tiene brillo ceroso, casi de resina — se le ve el interior cuando la luz la atraviesa. Es el mismo material que da su color a los cuarzos que el mercado vende como golden healer.
¿Las inclusiones son un defecto?
No. Son minerales que estaban en la veta antes de que el cuarzo terminara de crecer, y que quedaron sellados dentro cuando el cristal siguió formándose por encima. Un cuarzo sin nada dentro es transparente y corriente; este guarda el registro de lo que había alrededor el día que se detuvo. Lo que sí resta valor son las fracturas que llegan a la superficie, y eso es otra cosa distinta.
Información adicional
| Peso | 0,146 kg |
|---|---|
| Dimensiones | 4 × 4 × 6,5 cm |
| Dureza Mohs | 7 |
| Tolera agua | Sí |
| Origen | Brasil, valle del Jequitinhonha |
| Tratamiento | Pulido a mano, sin tratamiento de color |
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