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Cuarzo con Rutilo 156gr

$241.000

Pieza única de 156 gramos y 4 × 5 × 6,5 centímetros, del valle del Jequitinhonha, en Minas Gerais, tallada en punta para dejar ver por dentro una red de agujas doradas de rutilo. Sin tratamiento de color.

Las agujas se cortan en ángulos, nunca al azar, y en dos generaciones distintas: unas finas y doradas por toda la masa, otras más oscuras y agrupadas.

Para más información del Cuarzo, visita nuestro diccionario.

Cada cristal es una pieza única de la naturaleza, por lo que entre una y otra, pueden presentarse variaciones en forma, color, brillo, vetas, inclusiones y marcas naturales propias de su proceso de formación.

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Descripción

Cuarzo con rutilo de 156 gramos

La pieza pesa 156 gramos y mide 4 × 5 × 6,5 centímetros. El cuerpo es translúcido, ahumado muy tenue, entre gris y castaño pálido, y por dentro lo cruza una red de agujas doradas que se cortan unas con otras en ángulos definidos y salen radiando desde puntos concretos. Hay al menos dos generaciones: agujas finas y largas repartidas por toda la masa, y un haz de agujas más oscuras, rojizas, agrupadas y rectas. Entre ellas aparecen nubes blancas y motas rojizas de óxido de hierro; son minerales que ya estaban ahí, no defectos.

La forma no es natural. Esta pieza salió de un taller de lapidación: la base está cortada plana, de modo que se sostiene de pie, y la terminación está facetada a mano, con caras desiguales que no son las caras con las que creció el cuarzo. Lo que el taller no tocó es el interior. Y hay una zona que tampoco tocó: arriba queda una entrada natural, con costra ocre y material blanco adherido, que se pudo rebajar y se dejó.

El pulido es lo que hace legible el ejemplar. En una punta sin pulir, con las caras mates, este entramado se adivinaría; aquí se sigue aguja por aguja. La pieza tiene además dos lecturas, y conviene saberlo antes de elegir dónde ponerla: una cara cargada de rutilo dorado y otra más tranquila, de velos grises.

De dónde viene

Viene del valle del Jequitinhonha, en Minas Gerais, una región de Brasil donde el cuarzo sale con huéspedes dentro: rutilo, clorita, lodolita. No es una casualidad del mercado, es la química del sitio. Las vetas de cuarzo de la zona atraviesan las rocas del Supergrupo Espinhaço, la sierra que forma la cabecera del valle, y se formaron por vía hidrotermal hacia el final del Ciclo Brasiliano, hace unos cuatrocientos noventa millones de años; la literatura geológica brasileña estudia esas mismas vetas por sus cristales de anatasa y por cuatro minerales raros del grupo de la crichtonita, todos con titanio. Donde el fluido lleva titanio, aparece el rutilo.

Y el rutilo es más viejo que el cuarzo que lo contiene. La secuencia descrita para el cuarzo brasileño empieza con una solución rica en hierro que deposita hematita dentro de la cavidad; después entra el titanio y crece ilmenita sobre ella; cuando el hierro se agota, el rutilo cristaliza en orientación epitaxial sobre la ilmenita; y solo entonces llegan las soluciones de sílice y rellenan el hueco. El cuarzo no atrapó las agujas: creció alrededor de un entramado que ya estaba armado. Por eso se cortan en ángulos y no al azar.

El valle debe su nombre al río que lo recorre entero, más de mil kilómetros desde su nacimiento en la sierra hasta el mar. En el siglo XVIII fueron esos lechos y los de sus afluentes los que dieron los diamantes que hicieron rica a la región, y el auge se sostuvo hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando aparecieron los diamantes de Sudáfrica y el valle volvió a quedarse con lo que siempre había tenido: la sierra, las vetas y las piedras que salen de ellas.

Lo que representa

En cristaloterapia el cuarzo transparente es el que no está especializado: Nina Llinares lo describe como luz cristalizada de elevada vibración y Katrina Raphaell lo llama el abuelo del reino mineral, que al vibrar como la luz blanca, la que contiene todos los colores, sirve para cualquier propósito, mientras que las variedades canalizan cada una lo suyo. Aquí la variedad tiene nombre, y las dos autoras le dedican entrada aparte.

Llinares recoge los nombres viejos de esta piedra. Los alquimistas medievales la llamaron cabello de Venus, por el tono dorado y la forma de filamento, pero también piedra de Thetis, y ella anota lo que significa ese nombre: constituir, establecer. De ahí que le atribuya la cualidad de establecer conexiones que limpian la energía de los centros vitales, junto a una capacidad dinamizadora que asocia al chakra de la corona y al del plexo solar.

Raphaell describe el mecanismo con la misma imagen. En Crystal Healing escribe que el cuarzo rutilado es cuarzo transparente o ahumado con finas agujas doradas de rutilo atravesándolo, y que esas líneas doradas, supercargadas por la presencia dinámica del cuarzo, se vuelven canales por los que la energía dorada de la corona puede descender hasta las raíces de la tierra. Y le da a cada forma un oficio distinto: los ejemplares con punta natural funcionan como generadores, mientras que los de cuarzo rutilado cortados, pulidos o facetados —como este— se emplean en composiciones sobre el ombligo o a su alrededor, para activar la voluntad, y en cualquier zona que necesite un aporte de energía.

La geomedicina, disciplina del Dr. Carlos Alberto Ramírez Amaya, llega por otro camino a lo mismo. Empareja el hábito de cada mineral con el tejido al que se parece, y el hábito reticular —una red de fibras que se cruzan— es el de la matriz extracelular: el tejido de colágeno y fibras elásticas que ocupa el espacio entre nuestras células, sostiene la forma de los órganos y es piezoeléctrico, igual que el cuarzo. Esa capacidad de recuperar la forma después de una compresión se llama tensegridad y se va perdiendo con los años. Ramírez señala el cuarzo rutilado y el turmalinado como los dos minerales de estructura reticulada, y con ellos preparó la esencia mineral que llama Biomatrix.

Tres fuentes distintas, con vocabularios que no se parecen, describen la misma cosa: una red que enlaza. Creemos que por eso este cuarzo se lee distinto de uno transparente. No se le pide claridad, se le pide que conecte. Y es acompañamiento, nunca sustituto de un tratamiento.

Cómo se cuida

El cuarzo mide 7 en la escala de Mohs y es insoluble salvo en ácido fluorhídrico, así que esta pieza se lava con agua y jabón neutro y se seca con un paño suave. No está teñida, irradiada ni recubierta, de modo que el agua no disuelve nada.

Dos cuidados son propios de este ejemplar. La costra ocre de la cavidad sin pulir es material adherido y no parte del cristal: un cepillo o un lavado enérgico se la llevan, así que quien quiera conservarla deja esa zona seca. Y las caras pulidas se marcan de otro modo que las naturales; el brillo del taller se apaga con arena, polvo y roce, y por eso la pieza no comparte cajón con otras piedras.

Lo demás es lo de siempre en el cuarzo: tenacidad frágil y fractura concoidea. Se raya poco, pero un golpe seco contra una superficie dura le salta una lasca. La mineralogía completa y los tratamientos que circulan en el mercado están en el diccionario.

Preguntas frecuentes

¿Recibo exactamente el ejemplar de la fotografía?

Sí, porque hay uno solo. El recorrido de las agujas, la cavidad que quedó sin pulir y el reparto entre la cara cargada y la cara tranquila pertenecen a esta pieza y no se repiten en ninguna otra.

¿Que esté pulida le quita valor?

Depende de qué se esté comprando. La forma es obra de taller y así se declara: la base cortada y las caras facetadas las hizo un lapidario. El rutilo no. Estaba dentro antes de que el cuarzo terminara de crecer, y nadie lo puso ahí. En un cuarzo con inclusiones el pulido es lo que abre la piedra: sobre una punta mate esta red no se seguiría. Katrina Raphaell no las equipara, les da usos distintos: reserva los ejemplares con terminación natural para trabajar como generadores, y sitúa los cortados o pulidos en composiciones sobre el ombligo, para activar la voluntad. Distinta forma, distinto oficio.

¿Se puede falsificar un cuarzo rutilado?

Sí, y conviene saber cómo. El cuarzo es el mineral más imitado que existe, porque el vidrio raya casi igual y la prueba del rayado no separa a uno del otro; la pista son las burbujas redondas atrapadas dentro, que deja el vidrio fundido. Y el GIA documentó esferas en las que la mitad transparente es cuarzo rutilado auténtico y la mitad de aspecto matriz es resina epóxica mezclada con polvos minerales, puesta ahí para agrandar la pieza. Nuestra posición es la de siempre: la línea no está en el tratamiento, está en si se declara.

Información adicional

Peso 0,156 kg
Dimensiones 4 × 5 × 6,5 cm
Dureza Mohs

7

Tolera agua

Origen

Brasil, valle del Jequitinhonha

Tratamiento

Pulido, sin tratamiento de color

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Cuarzo con Rutilo 156gr
$241.000