🎁 Amuleto de cristal gratis desde $100.000 | 🚚 Envío gratis desde $200.000

Ángel de Amatista Pequeño

$133.000

Pieza única de 70 gramos y 8 centímetros de alto, de Bahía, con las alas de lila pálido y una franja violeta profunda que baja por la túnica. Lapidada y pulida a mano.

Cada cristal es una pieza única de la naturaleza, por lo que entre una y otra, pueden presentarse variaciones en forma, color, brillo, vetas, inclusiones y marcas naturales propias de su proceso de formación.

1 disponibles

Descripción

Ángel de amatista de 70 gramos

La figura está tallada en una sola pieza. Las alas se separan del cuerpo por dos surcos profundos, la cabeza es un óvalo liso apenas insinuado, y la túnica cae en un cono ancho recorrido por una línea incisa en el centro. La base es plana y la figura se sostiene de pie sin apoyo. Todo el exterior está pulido a espejo.

La amatista es translúcida y el color no está repartido por igual. Las alas y los hombros son de un lila muy pálido, casi incoloro en algunas zonas del ala derecha; hacia la mitad de la figura entra una franja violeta profunda que cruza en diagonal y se instala en la túnica. Dentro de esa zona oscura hay un velo blanquecino, algodonoso, que se percibe cuando la luz atraviesa la pieza.

Esa repartición desigual no es un fallo del taller ni una impureza: es el registro de cómo creció el cristal. La amatista se colorea por franjas que siguen sus zonas de crecimiento, una detrás de otra, como los anillos de un tronco. En un cristal entero esas franjas apenas se adivinan desde fuera. Al tallar la figura, el corte las atraviesa y las deja a la vista sobre la superficie pulida. Lo que aquí se ve es el interior de un cristal que de otro modo habría quedado cerrado.

De dónde viene

El mineral viene de Bahía, en el nordeste de Brasil. Las amatistas de esa región no salen de geodas en basalto, que es como se forman las del extremo sur del país: crecen en vetas de cuarzo hidrotermal que cortan las cuarcitas de la Serra do Espinhaço, la cadena que corre de sur a norte durante cientos de kilómetros entre Minas Gerais y Bahía. Son vetas estrechas, de menos de metro y medio de espesor, encajadas en la roca siguiendo los ejes de pliegues muy apretados, y los cristales que crecen dentro de ellas presentan zonas de crecimiento repetidas. Son exactamente las franjas que esta figura enseña.

Esa diferencia de origen explica también el aspecto. La amatista de geoda tiende al color parejo y a la punta bien formada; la de veta llega en masas grandes de color desigual, y es esa desigualdad la que el lapidario aprovecha cuando decide dónde va a caer el cuerpo de la figura y dónde las alas.

Lo que representa

Nina Llinares describe la amatista como una piedra de transmutación: atribuye a su vibración la capacidad de ir reclasificando los pensamientos propios negativos o limitadores, y por eso la considera una piedra iniciática en la mayoría de las tradiciones. La llama cristal lunar, de energía femenina, y le asigna el arquetipo de la Gran Madre. Es, según ella, el mejor cristal para la meditación, y la asocia con quienes trabajan al servicio del prójimo: «las amatistas son las piedras de los sanadores».

Llinares no pone reparo al formato: para rituales, sanaciones y elixires recomienda expresamente amatistas «pulidas y naturales de punta de buena calidad».

Katrina Raphaell es más cautelosa con las piezas talladas, y conviene decir en qué consiste su reparo. Lo que ella cuestiona es alterar la forma ya perfecta de un cristal terminado: sostiene que, salvo que el lapidario esté muy afinado con la piedra, el resultado queda menos eficaz canalizando energía sanadora. Pero añade una excepción que es justo el caso de una figura como esta: cuando la talla se hace sobre material sin terminación, masa que de otro modo acabaría triturada para usos industriales, darle forma puede elevar su vibración y permitirle servir en una capacidad más alta.

Para Cristal Celeste, la figura del ángel añade una intención propia, y la decimos como lo que es: una postura de la casa. Un ángel es una figura de acompañamiento, no de poder. Elegir esa forma para una piedra que se asocia a la calma y a la protección es pedirle a la pieza que esté presente sin exigir nada, que sea compañía en la mesa de noche o en el escritorio antes que herramienta de trabajo energético.

Cómo se cuida

El cuidado que de verdad importa en esta pieza es la luz. La amatista pierde color con la exposición directa y prolongada al sol: el violeta se apaga y no vuelve. Una figura de escritorio corre ese riesgo más que un cristal guardado, porque se deja donde se la ve. Junto a una ventana con sol directo se decolora en meses; en luz de interior se mantiene.

Con dureza 7 tolera el agua sin problema y no se raya con facilidad, pero el pulido a espejo sí se marca si la pieza roza con arena, con otra piedra o con metal, y las esquinas de las alas y la base son las que primero se golpean. Los cambios bruscos de temperatura, del agua caliente al frío, se evitan siempre en una pieza pulida.

Llinares recomienda para los cuarzos la limpieza por inmersión en agua y sal.

Preguntas frecuentes

¿Por qué unas partes son casi transparentes y otras violeta oscuro?

Porque el color de la amatista se deposita por zonas de crecimiento y no de manera uniforme. La talla corta esas zonas y las muestra. Es una característica de la amatista de veta, no una mezcla de dos materiales ni una piedra teñida.

¿La talla le quita algo a la piedra?

Es una discusión abierta entre las autoras que consultamos, y la resumimos arriba. En corto: el reparo documentado se refiere a modificar un cristal que ya tenía su punta formada. Esta figura se talló sobre masa sin terminación.

¿Se puede lavar?

Sí. Agua y jabón suave, y secado con un paño. Lo que no conviene es el sol directo prolongado.

Información adicional

Peso 0,07 kg
Dimensiones 2 × 4 × 8 cm
Dureza Mohs

7

Tolera agua

Origen

Brasil, Bahía

Tratamiento

Lapidado y pulido

Valoraciones

Aún no hay reseñas

Sé el primero en valorar “Ángel de Amatista Pequeño”
Ángel de Amatista Pequeño
$133.000