Próximos Eventos: 🔨 Taller de Lapidación para Principiantes · 11 y 12 de octubre | 🌍 Gran Venta Online Europa · del 20 de octubre al 20 de noviembre

Obsidiana

Lynda Rojas

Bloque de obsidiana negra de unos 14 cm, con la superficie curva y brillante de una fractura concoidea
Superficie cortada de obsidiana arcoíris, con bandas verdes, azules y violetas
Obsidiana copo de nieve, con manchas blancas de cristobalita sobre vidrio negro
Superficie de fractura de obsidiana dorada de México, con bandas de brillo dorado

El camino del despertar

Existen muchas miradas sobre el proceso que conduce a lo que muchos llaman el despertar de la consciencia. La mía prefiero narrarla desde el camino de la obsidiana, que me sirve de metáfora desde que llegué al mundo de los cristales.

La obsidiana nos confronta con el ego y nos ayuda a desarrollar la capacidad de observarlo. Se presenta en varias formas, y cada una acompaña un tramo distinto del viaje.

Antes de empezar vivimos en la comodidad, siguiendo el libreto de vida que nos entregaron, buscando la felicidad en las cosas y los logros que nos dijeron que había que alcanzar. Es el estado del NO SÉ QUE NO SÉ. Un amigo lo llamaba «el bobito feliz»; en el vocabulario académico es la incompetencia inconsciente.

Aparece entonces la obsidiana copo de nieve, y con ella empieza el viaje. Sus manchas blancas sobre el fondo negro anuncian lo que todavía no sabemos de nosotros mismos. Su energía es intensa y empuja al despertar. Suele ser el ciclo más fuerte de todos: el alma da la señal y las experiencias se orquestan para que el viaje arranque.

La segunda etapa es la obsidiana negra, que representa toda nuestra oscuridad, todo lo que ignoramos de nosotros. Aquí la parte más temerosa puede tomar el control y eclipsar la luz. Es una etapa difícil y necesaria: en la oscuridad es donde la luz de la consciencia empieza a emerger.

Después viene la obsidiana dorada, símbolo del autoconocimiento. Salimos del NO SÉ QUE NO SÉ y entramos en el SÉ QUE NO SÉ, ese momento en que reconocemos cuánto ignoramos, y ese reconocimiento ya es un paso hacia la luz. Mi amigo llamaba a este estado «el bobito preocupado»: la incompetencia consciente.

Aquí empezamos a buscar respuestas. Devoramos libros, vamos a talleres, consultamos maestros, exploramos cualquier camino que prometa claridad. Es una montaña rusa: a ratos parece que la iluminación está cerca, y a ratos nos hundimos en el propio inframundo. Poco a poco entendemos que a mayor resistencia, mayor persistencia — mientras más evitamos lo que nos desagrada, más nos persigue. Y el aprendizaje suele venir con lágrimas.

Hasta que un día aceptamos, soltamos y honramos nuestra existencia. Bajamos la cabeza, doblamos las rodillas, levantamos la mirada al cielo y confiamos en que hay un propósito mayor guiando el camino.

Ahí empieza la última etapa, la obsidiana arcoíris. Es la capitalización de lo aprendido: el momento en que la luz se refracta a través de nuestras lágrimas y nos deja ver el arcoíris. La etapa del YA SÉ LO QUE SÉ, donde las competencias se vuelven conscientes.

Y el ciclo vuelve a comenzar.


La obsidiana es vidrio. Lava rica en sílice que se enfrió tan deprisa que ningún átomo llegó a colocarse en su sitio, y que por eso quedó sin estructura cristalina y sin fórmula fija. Los mineralogistas la clasifican como mineraloide: se parece a un mineral y no cumple la definición de mineral.

De esa condición sale su rasgo más extraordinario. Una lasca de obsidiana tiene el filo más agudo de cualquier material natural, y no es una figura literaria: hoy hay cirujanos oculares y neurocirujanos que operan con microhojas de obsidiana más afiladas que el mejor bisturí de acero quirúrgico. La misma piedra con la que se cortaban las lascas hace cien mil años entra hoy en un quirófano.

La obsidiana fue espejo antes que ninguna otra piedra, en México y en Egipto, y sigue siéndolo en el uso terapéutico que se le da hoy. Es la piedra a la que se acude para mirar lo que inconscientemente hemos ignorado.


MORFOLOGÍA
Sistema: amorfo, sin estructura cristalina
Hábito: masivo, en coladas, cúpulas y nódulos

QUÍMICAS
Tipo de roca: ígnea extrusiva riolítica. Mineraloide, vidrio volcánico
Composición: ≈75 % sílice y 14 % alúmina
Solubilidad: no consta

FÍSICAS
Dureza: 5,0 – 6,0
Fractura: concoidea
Exfoliación: nula
Raya: no consta
Tenacidad: frágil
Densidad: 2,4 – 2,5

ÓPTICAS
Color: negro, negro verdoso y ahumado. Pardo rojizo o caoba cuando el hierro abunda
Brillo: vítreo
Transparencia: de opaca a translúcida en lasca fina
Luminiscencia: no consta


Dos cifras merecen leerse juntas, porque explican casi todo lo que le pasa a una obsidiana en el uso diario. El cuarzo tiene dureza 7 y densidad 2,65; la obsidiana, dureza 5 a 6 y densidad 2,4 a 2,5. Es más blanda y alrededor de un 10 % menos densa que el cuarzo, y las dos cosas vienen del mismo sitio: en el cuarzo los átomos están ordenados y apretados, y en la obsidiana están sueltos y al azar. Una obsidiana pesa menos en la mano de lo que su tamaño anuncia, y se raya con cosas que a un cuarzo no le hacen nada.

Cuatro rocas distintas salen de un mismo magma. La química es idéntica en las cuatro y lo único que cambia es la prisa con que se enfría.

Cuando el magma riolítico se queda dentro de otras rocas y se enfría despacio, cristaliza mineral por mineral y forma granito, de grano grueso. Cuando sale a la superficie y se enfría rápido, los cristales no llegan a crecer y forma riolita, de grano fino. Cuando sale cargado de burbujas de gas, casi espumoso, forma piedra pómez, tan porosa que a veces flota. Y cuando sale en condiciones que impiden del todo la cristalización, forma obsidiana.

Esas condiciones son estrictas y por eso la obsidiana escasea: se forma solo en los bordes de una colada de lava, o donde la lava entra directamente en un lago o en el mar. Necesita enfriarse de golpe.

Toda la obsidiana que existe en el planeta es geológicamente reciente, y hay una razón exacta para eso. El vidrio recién solidificado contiene alrededor de un 0,2 % de agua. Con el tiempo, el agua de la atmósfera se va filtrando por las microfisuras que dejó el enfriamiento brusco, hasta que el contenido de agua sube a cerca del 3,5 % y la obsidiana deja de ser obsidiana: se convierte en perlita, una masa gris de escamas concéntricas. El proceso tarda menos de veinte millones de años. En términos geológicos, veinte millones de años no son nada — y esa es la razón de que no exista obsidiana antigua sobre la Tierra: la que hubo ya es perlita.

El color negro, el negro verdoso y el ahumado vienen del hierro y del magnesio, que están siempre. Un exceso de hierro da los pardos rojizos y el caoba. Cuando el hierro y el magnesio faltan casi por completo, la obsidiana sale casi incolora.

Las variedades, y de dónde vienen sus nombres

El mercado nombra las obsidianas por lo que se les ve. Cada uno de esos nombres tiene detrás un mecanismo, y vale la pena conocerlos porque el nombre comercial casi nunca dice qué está pasando dentro de la piedra.

Copo de nieve. Las manchas blancas son inclusiones de cristobalita, un polimorfo del cuarzo que se forma a alta temperatura. Circula mucho la explicación de que son litofisas —cavidades rellenas de mineral—, y para el material mexicano McKay documenta cristobalita. Son manchas de desvitrificación: puntos donde el vidrio, que es inestable a escala geológica, empezó a ordenarse en cristal. Una obsidiana copo de nieve es una obsidiana a medio dejar de serlo.

Brillo dorado y brillo plateado. Son burbujas de gas que quedaron atrapadas en el vidrio fundido y que, al fluir la lava, se estiraron y se alinearon paralelas entre sí. Esas masas de burbujas alargadas devuelven la luz en destellos. McKay lo compara con alumbrar un árbol de Navidad con demasiado espumillón. Steve Voynick, en la misma revista, atribuye el brillo dorado a esferulitas y litofisas, que son otra cosa. Aquí seguimos a McKay porque describe los yacimientos mexicanos, que son los que nos surten.

Arcoíris. Filas microscópicas de cristales de hedenbergita, alineados en paralelo dentro del vidrio. La luz que atraviesa esas filas se descompone por interferencia de película delgada, y de ahí salen los colores.

Lágrimas apache. Son núcleos de obsidiana sin hidratar. Cuando el agua va convirtiendo una masa de obsidiana en perlita, el proceso avanza de fuera hacia dentro y deja corazones redondeados de obsidiana intacta embebidos en la perlita. Miden entre medio centímetro y dos y medio. Su nombre mineralógico es marekanita, por Marekanka, cerca de Ojotsk, en Siberia. El nombre popular tiene una historia con fecha, y está más abajo.

Aplicaciones industriales

La cirugía. El filo de la obsidiana supera al del acero por una razón que se ve al microscopio electrónico: el acero conserva una forma escalonada que limita su agudeza, y la obsidiana no. Los ensayos clínicos que hicieron los investigadores médicos en 1974, con microhojas talladas por Don Crabtree, mostraron incisiones con menos tejido cicatricial, curación más rápida y menos células inflamadas. Hoy se usan bisturís de obsidiana en cirugía ocular y en neurocirugía.

La datación. Al tallar una lasca queda una superficie nueva que empieza a hidratarse y forma una costra fina de perlita. Su grosor se mide por métodos ópticos, depende del tiempo transcurrido y no depende del clima: fecha directamente el momento en que la herramienta fue tallada. Y como los metales traza son específicos de cada colada, la obsidiana lleva además una huella química que identifica su origen. Gracias a ella sabemos que la obsidiana de muchos objetos hallados en el sur de Arizona salió de coladas de Jalisco, a 1.600 kilómetros al sur, y que la del Obsidian Cliff de Yellowstone llegó hasta Ohio y el este de Canadá.

La perlita. El mineral en que la obsidiana se convierte al hidratarse es una materia prima industrial. Calentada a 870 °C, el agua atrapada en cada perla se vuelve vapor y la expande hasta veinte veces su volumen: aislantes, tejas, sustratos de jardinería, hormigón ligero. Las lágrimas apache son, en ese negocio, un desecho, porque no expanden.

Y un uso gemológico: láminas finas de obsidiana negra se pegan detrás del ópalo en dobletes y tripletes, para protegerlo y para que su fuego se vea mejor sobre fondo oscuro.

Aplicaciones terapéuticas

La obsidiana trabaja sobre lo que no queremos ver. Es lo que dicen, con vocabularios distintos, todas las fuentes que la tratan en serio, y es también lo que vemos en el mostrador.

Su material es la sombra. Aquello que está en nosotros y que hemos guardado por vergüenza, por miedo o por conveniencia, y que sigue operando desde donde no lo miramos. La obsidiana lo saca a la superficie. No lo resuelve: lo pone delante. Por eso es una piedra de proceso y no de alivio, y por eso conviene saber a qué se entra antes de trabajar con ella.

En el trabajo del día a día la ponemos donde hay que aterrizar: en el primer centro, en los pies, en lo que sostiene. Se usa cuando alguien está disperso, cuando vive demasiado en la cabeza, cuando las emociones van y vienen sin dónde apoyarse. También como piedra de protección, que es su uso más extendido y el más antiguo. Y en la casa, para limpiar una habitación cargada.

Y aquí hacen falta los nombres, porque lo que sigue es de las autoras y no nuestro.

Katrina Raphaell llama a la obsidiana negra el guerrero de la verdad, y la describe como un espejo que refleja los defectos de la propia naturaleza y amplifica los miedos y las inseguridades que el ego prefiere tapar. Su advertencia es explícita y la repetimos entera: la obsidiana negra debería usarse solo cuando se conocen sus efectos y se está preparado para procesar los cambios que provoca. Raphaell insiste además en algo práctico que casi nadie menciona: el cuarzo transparente es la polaridad exacta de la obsidiana, y recomienda acompañar siempre uno con la otra, porque el cuarzo modula la intensidad y disuelve lo que la obsidiana saca a flote.

Nina Llinares describe la obsidiana como una piedra de gran carga del elemento fuego, ligada a la purificación del ego, y le atribuye una cualidad que en la práctica se agradece: sitúa en la realidad y aporta sentido de la proporción cuando lo que uno persigue es imposible. La sitúa en los pies y en los dos primeros centros, la recomienda para miedos, pesadillas y terrores nocturnos, y coincide con Raphaell en acompañarla siempre con cuarzo cristal de roca. Sobre la obsidiana dorada añade un dato de tradición: las mujeres medicina mexicas la usaron como talismán protector del hogar y de los asuntos de las mujeres, y los chamanes de la tradición nagual siguen empleándola en sus rituales.

Ana Silvia Serrano aporta la lectura que mejor une la piedra con su geología. Serrano parte de que la obsidiana emerge del interior de un volcán y hace la analogía con lo que la piedra provoca en la persona: que «erupcionen» los contenidos guardados en lo más profundo. Y va más lejos, hasta la fractura: como la obsidiana rompe en concha, difunde la energía en lugar de concentrarla, y esa forma de romper es la que le permite «poner afuera lo que tenemos dentro». Por esa cualidad, escribe, se la ha llamado piedra psíquica.

Una advertencia de manejo, en la que las tres coinciden. La obsidiana absorbe. Se limpia con frecuencia, más que otras piedras, y la propia no se presta.

La obsidiana en la historia

En Mesoamérica fue la piedra por antonomasia. Los mexicas la llamaron teotetl, piedra divina, y con ella hicieron herramientas, armas, incrustaciones de mosaico, cuchillos ceremoniales y espejos. Tezcatlipoca, el dios de la hechicería y la adivinación, habitaba dentro de la obsidiana y mostraba su imagen en los reflejos de su superficie. George Frederick Kunz señalaba en 1913 que el propio nombre del dios se interpreta como espejo humeante, y que las imágenes de Tezcatlipoca se hacían de obsidiana.

El arma que la hizo famosa fue el macuahuitl. Una pieza de madera de metro y medio, con empuñadura a dos manos y los bordes ranurados para encajar lascas de obsidiana. Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés, escribió que aquellas lascas eran más afiladas que una hoja de acero de Toledo, y dejó constancia de que un macuahuitl en manos expertas llegó a cercenar de un golpe la cabeza o la pata de un caballo español.

El uso más antiguo documentado, y también el más asombroso, es quirúrgico. Los arqueólogos han recuperado herramientas de obsidiana tallada en yacimientos africanos de más de cien mil años. Y en el Neolítico se usaron lascas de obsidiana como bisturís para la trepanación: la extracción de fragmentos del cráneo humano, para aliviar la presión intracraneal o, en la lectura chamánica, para dejar salir o entrar a los espíritus. Solo el filo de la obsidiana cortaba el hueso con la precisión suficiente para que la pieza extraída volviera a su sitio y el cráneo soldara.

Y hay un capítulo europeo que casi nadie cuenta. Kunz documenta que la losa de piedra negra pulida que John Dee —astrólogo de Isabel I de Inglaterra— usaba en el siglo XVI para llamar a sus espíritus era obsidiana mexicana. La pieza pasó por las manos de los condes de Peterborough, del duque de Argyll y de Horace Walpole. Un espejo salido del mundo mexica terminó en la corte inglesa, usado exactamente para lo mismo que en Tenochtitlan.

Kunz recoge además la obsidiana fuera de América: una máscara de obsidiana de la duodécima dinastía egipcia, procedente de El Fayum, y la observación de que en Roma se le atribuía la capacidad de ordenar los pensamientos y alejar de la cabeza las influencias destructivas.

Y el nombre de las lágrimas apache tiene una fecha y un hecho detrás. Robert Beard lo documenta en Rock & Gem: en 1870, durante las guerras apaches, el general George Stoneman instaló un campamento militar al pie de la actual Superior, en Arizona. Una partida de caballería subió a una montaña cercana, mató a unos setenta y cinco apaches, y los que quedaban se arrojaron por el risco antes que rendirse. El lugar se llama desde entonces Apache Leap, el salto del apache. Se cuenta que las mujeres apaches lloraron tanto al saberlo que sus lágrimas se volvieron piedra. El nombre que el mercado usa como si fuera poesía es el recuerdo de una matanza.

El mercado de la obsidiana

La obsidiana tiene un problema de mercado que ninguna otra piedra tiene, y hay que decirlo de frente: la obsidiana es vidrio, y el vidrio se fabrica.

Las imitaciones se hacen con vidrio oscuro coloreado, y reproducen incluso la fractura concoidea, que en casi todos los demás minerales es una de las señales que delatan una falsificación. Los trucos habituales tampoco ayudan: la prueba de dureza no separa un vidrio de otro, y el peso tampoco, porque las densidades se parecen. Con una obsidiana negra lisa, la procedencia vale más que cualquier prueba casera. Comprar a quien sabe de qué mina salió su material es aquí una precaución técnica, y no una frase de vendedor.

Las variedades con efecto óptico son algo más difíciles de imitar, porque el brillo dorado, el plateado y el arcoíris vienen de estructuras internas que se generaron durante el flujo de la lava. Un destello demasiado parejo, demasiado repetido, que se ve igual desde todos los ángulos, es motivo para preguntar.

Cómo funciona el negocio, que explica los precios. McKay describe el circuito mexicano de primera mano. Se saca en zanjas de hasta diez metros, a mano pieza por pieza, en minas de montaña a las que solo se sube cuando termina la temporada de lluvias: en La Revoltosa, la mina del arcoíris de primera calidad, se trabaja de noviembre a junio. El material de calidad media se exporta en contenedores a China y a India, donde talleres lapidarios producen artículos en volumen, y el de primera se queda para talla artesanal. La mayor parte de la obsidiana barata que circula en el mundo ha dado esa vuelta. El brillo dorado y la telaraña salen de yacimientos alejados de las minas principales y no se dan en cantidad, lo que los pone en otro renglón de precio.

Un detalle de taller que explica un precio pequeño: las manchas blancas del copo de nieve no admiten el mismo pulido que el vidrio negro, y por eso una pieza de copo de nieve rara vez sale con brillo parejo. No es un defecto de fabricación.

Y una nota sobre lo que traemos nosotros. Nuestros anillos de obsidiana dorada son de la calidad que nuestro proveedor llama obsidiana dorada suprema. Es material extraído por él, en una mina de Querétaro, en un oficio que lleva generaciones en su familia. De esa misma mina sale obsidiana dorada y sale obsidiana negra, y la variedad con la que ellos prefieren trabajar es la suprema. En nuestro catálogo, los anillos son dorados y las ombligueras son mayoritariamente negras, que es una distinción que conviene tener clara al elegir.

Preguntas frecuentes

¿La obsidiana es un cristal?

No en el sentido mineralógico. Un cristal tiene los átomos ordenados en una red que se repite, y la obsidiana los tiene desordenados, como cualquier vidrio. Por eso se clasifica como mineraloide. En el uso terapéutico se la trata junto a los cristales desde siempre y con buenas razones, pero conviene saber que la clasificación es otra.

¿Por qué mi obsidiana se rayó tan fácil?

Por la dureza. La obsidiana está entre 5 y 6 en la escala de Mohs, mientras que el cuarzo está en 7. Cualquier cosa más dura que ella la marca, incluido el polvo de arena, que es cuarzo. Guárdala aparte de las piezas de cuarzo y evita que roce con ellas.

¿Se puede hacer elixir de obsidiana?

Para beber, no lo recomendamos. Nina Llinares desaconseja el elixir por inmersión en las piedras negras, salvo excepciones. Sí es adecuado el elixir para difusor, pulverizado sobre paredes y objetos cuando se quiere limpiar energéticamente una habitación.

¿Cómo se limpia y se cuida?

Como absorbe, se limpia más a menudo que otras piedras. Unos minutos en agua con sal bastan, y de vez en cuando unas gotas de aceite de oliva por toda la superficie devuelven el brillo. Y cuidado con los golpes: es frágil y astilla por los bordes, sobre todo en las piezas engarzadas.

Disfruta de nuestra colección de obsidiana en nuestra tienda online.

Fotografías, vía Wikimedia Commons, por James St. John, CC BY 2.0: obsidiana negra, obsidiana arcoíris, obsidiana copo de nieve y obsidiana dorada de México.

acerca de mi

Después de dos décadas de experiencia profesional persiguiendo y acumulando los logros de una vida ordinaria, de una forma extraordinaria el reino mineral vino a mi encuentro en el año 2015 y lo que comenzó como un hobbie, poco a poco se fue transformando en un estilo de vida a través del cuál he podido compartir con otros mi pasión por viajar, investigar, aprender, emprender y crear.

Fundadora de Cristal Celeste (2015) y Parenthesis Consultores (2013).

1 comentario en «Obsidiana»

Deja un comentario

Artículo añadido al carrito.
0 artículos - $0